«Me gusta Madrid» es un tema inédito grabado en 1999 por la cantante española Marta Sánchez para una campaña institucional del Ayuntamiento de Madrid. La canción fue interpretada durante la celebración de Nochevieja organizada en la Plaza Mayor para recibir el año 2000, un espectáculo retransmitido por Telemadrid a través de la gala Madrid directo… al 2000.

Tema: Me gusta Madrid
ISWC: T-900.759.089-8
Álbum: non-album single
Tipo de grabación: En estudio
Canal de televisión: TeleMadrid
Programa de televisión: Gala Nochevieja: Madrid directo… al 2000
Fecha de emisión: 31 de diciembre de 1999
Publicación: Tema inédito no publicado hasta la fecha
INFORMACIÓN GENERAL
En la Nochevieja del 31 de diciembre de 1999, Marta Sánchez participó en la celebración organizada por el Ayuntamiento de Madrid en la Plaza Mayor para recibir el año 2000. Su interpretación de «Me gusta Madrid» abrió el espectáculo musical, que comenzó a las doce y media de la madrugada, ya el 1 de enero, y fue retransmitido por Telemadrid a través del especial Madrid directo… al 2000. La celebración se presentó como la «fiesta del milenio»: una bienvenida especial al año 2000, vivido popularmente como el comienzo de un nuevo siglo y un nuevo milenio.
La elección de la canción respondía a una iniciativa del Ayuntamiento de Madrid, encabezado por el alcalde José María Álvarez del Manzano, que buscaba renovar la imagen de la capital y reforzar el vínculo de los madrileños con su ciudad. Para ello, el consistorio eligió «Me gusta Madrid», una canción compuesta por Antonio Areta Andino, conocido artísticamente como Tonio Areta, quien la grabó en 1963 para el sello Zafiro. El tema alcanzó popularidad durante aquella década y dio lugar a distintas versiones, entre ellas las de Monna Bell, Los 3 de Castilla y Los Blue Boys. Areta desarrolló además una extensa trayectoria como compositor para cine de animación y televisión, con trabajos para el director Cruz Delgado.
La nueva versión formaba parte de una campaña institucional cuya imagen principal combinaba unos labios rojos en forma de beso con el lema «Me gusta Madrid», un símbolo que el Ayuntamiento pretendía incorporar a los actos y acontecimientos municipales del año 2000. La canción se actualizó con ritmos contemporáneos y se utilizó como acompañamiento de anuncios televisivos que mostraban lugares reconocibles de la capital, como la Puerta de Alcalá, Cibeles y el Oso y el Madroño. La campaña buscaba transmitir una imagen cercana y atractiva de Madrid, mientras que la participación de Marta Sánchez en la fiesta de Nochevieja servía para dar a conocer la nueva versión de la canción en una de las celebraciones más multitudinarias del año.
En los días previos, la prensa presentó a Marta como la «musa del 2000» y recogió la presentación del evento junto al compositor, Antonio Areta, y al alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano. Marta expresó su orgullo por haber sido elegida para inaugurar la fiesta y afirmó que recordaría aquel encargo entre los acontecimientos más especiales de su trayectoria.
El cartel musical reunió a Marta Sánchez, Rosario Flores y Ketama, y también anunció la participación de Los Amigos de Gines, Olé mi gente y la Banda Gigante de Cuba, además del ballet de TVE, compuesto por cincuenta bailarines. La cobertura televisiva se planteó mediante conexiones en directo de Telemadrid, que permitieron acercar la celebración a quienes recibieron el año desde sus casas.
La Plaza Mayor contó con pantallas gigantes y juegos de luces, mientras el programa pirotécnico se extendió por otros puntos de la ciudad. Uno de sus elementos más singulares fue el recorrido de fuegos artificiales por el eje de la Castellana, entre Cibeles y la plaza de Castilla, concebido como un «efecto dominó». Entre los lugares preparados para los lanzamientos figuraba el helipuerto de una de las torres de Puerta Europa. La interpretación de «Me gusta Madrid» quedó así vinculada tanto a la celebración con la que la capital recibió el año 2000 como a la campaña municipal que buscaba renovar su imagen ante los madrileños.
LETRA Y COMPOSICIÓN
La letra de «Me gusta Madrid» narra una historia centrada en el cariño que una persona siente por la capital española, a la que considera el lugar donde encuentra su felicidad. La canción presenta ese vínculo a través de una comparación con otras ciudades del mundo que el protagonista ha conocido y admirado. Aunque reconoce el atractivo de todas ellas, ninguna despierta en él el mismo sentimiento que Madrid. La letra expresa así una preferencia que va más allá de la belleza de la ciudad y que responde, sobre todo, a la relación personal que mantiene con ella.
El comienzo es una declaración directa de afecto. «Me gusta Madrid al amanecer» introduce una sucesión de momentos que continúa con el atardecer y el anochecer. La ciudad aparece como un lugar que resulta agradable a cualquier hora, sin necesidad de mencionar monumentos, calles o espacios concretos. La repetición de «me gusta» transmite entusiasmo y establece desde los primeros versos el tono alegre de la canción. No se trata de describir Madrid, sino de expresar lo que siente quien habla de ella.
La primera comparación amplía esa declaración hacia otras capitales. «Adoro París, admiro Berlín» reconoce abiertamente las cualidades de ciudades que también despiertan sentimientos positivos. La enumeración continúa con Nueva York y Roma, utilizando expresiones distintas para manifestar el aprecio que siente por cada una. Sin embargo, el verso «Pero es en Madrid donde soy feliz» introduce una diferencia decisiva. El protagonista puede admirar otros lugares, pero reserva para Madrid una emoción más profunda. La felicidad se convierte así en el motivo principal de su preferencia, por encima del atractivo que puedan ofrecer las demás ciudades.
La estrofa dedicada al ambiente madrileño presenta una imagen especialmente optimista de la capital. «En Madrid la calle ríe» atribuye a la ciudad una cualidad humana y transmite la impresión de un espacio animado, donde la alegría forma parte de la vida cotidiana. Esa sensación continúa con «Y en el alma brota una canción», que relaciona el entorno urbano con el estado de ánimo de quien lo contempla. La referencia a la primavera prolonga esa visión: «Siempre es como en primavera» sugiere que Madrid conserva durante todo el año la vitalidad y el bienestar asociados a esa estación. Incluso el aire «parece ilusión», una imagen que lleva el entusiasmo del protagonista hasta los elementos más cotidianos de la ciudad. No se ofrece una descripción objetiva de Madrid, sino la visión idealizada de alguien que se siente feliz en ella.
Más adelante, la letra abandona las grandes capitales europeas y americanas para recordar experiencias personales de viaje. «Viví en Estambul, de allí fui a Japón» presenta al protagonista como alguien que ha conocido distintos lugares y formas de vida. La mención de Hong Kong completa ese recorrido y añade un matiz de nostalgia mediante la expresión «aún guardo la sensación». Los viajes han dejado recuerdos que permanecen en su memoria, pero ninguno altera su vínculo con Madrid. Al repetir «Pero es en Madrid donde soy feliz», la canción deja claro que esa preferencia no nace del desconocimiento de otros lugares, sino de haberlos conocido y seguir eligiendo la capital española.
En la parte final, la repetición de las estrofas recupera las imágenes que han definido Madrid a lo largo de la canción: sus distintos momentos del día, la alegría de sus calles y la sensación de vivir en una primavera permanente. La interpretación termina insistiendo en «Pero es en Madrid… donde soy feliz», con una pausa que concede especial importancia a esa afirmación. El cierre, «Por eso me gusta, me gusta Madrid», recoge el motivo que ha recorrido toda la letra. Después de mencionar ciudades lejanas y experiencias de viaje, el protagonista vuelve al lugar donde encuentra su bienestar. La canción convierte así una sencilla declaración de cariño hacia Madrid en el relato de una preferencia personal, basada en la felicidad que le produce estar allí.
En el plano musical, «Me gusta Madrid» se sitúa dentro del género pop orquestal con una raíz clara de fox-swing, actualizado en esta versión mediante una base rítmica y un tratamiento de producción propios de finales de los años noventa. La definición no es únicamente estilística: la composición original de Antonio Areta Andino fue registrada oficialmente en 1962 como «fox-swing», mientras que la adaptación preparada para Marta Sánchez fue presentada en la prensa de 1999 como una versión realizada con «ritmos actuales» para la campaña institucional del Ayuntamiento de Madrid.
El análisis rítmico realizado sitúa el tempo principal alrededor de 112,35 bpm. La pulsación permanece bastante estable durante la interpretación y se organiza en compás de 4/4. A diferencia de un swing tradicional de gran orquesta, la versión de Marta mantiene una cuadrícula rítmica más regular y directa, aunque conserva en la melodía y en determinados gestos del acompañamiento el carácter ligero y elegante de la composición original. El resultado funciona mejor como una actualización pop del fox-swing que como una recreación historicista del sonido de comienzos de los años sesenta.
La cuestión tonal es más compleja. El análisis cromático global ofrece Sol menor como primera posibilidad, pero el estudio por fragmentos no sostiene un único centro tonal con la estabilidad suficiente para describir toda la interpretación simplemente en esa tonalidad. En los primeros compases aumenta especialmente el peso de Fa mayor y Si bemol mayor; posteriormente aparecen zonas relacionadas con Sol menor y Mi bemol mayor, y en el tramo final adquieren mayor presencia regiones como Do mayor, Sol mayor e incluso Re mayor. La armonía del swing, con abundancia de acordes de paso y dominantes, junto con los cambios introducidos en el arreglo, reduce la fiabilidad de una etiqueta tonal única. Por ello, lo más prudente es hablar de una versión tonalmente móvil, con varios desplazamientos y cambios de color armónico a lo largo de la interpretación, en lugar de presentar Sol menor como una tonalidad fija de principio a fin.
En la instrumentación es necesario ser particularmente cuidadoso. En el audio analizado se distingue con claridad una sección rítmica, con funciones de bombo, caja y elementos agudos de percusión que sostienen el pulso. Sin embargo, la regularidad de algunos ataques impiden establecer con absoluta certeza si toda esa base procede de una batería acústica, de programación o de una combinación de ambos procedimientos. Por esa razón, la denominación rigurosa es batería/percusión de función rítmica, sin adjudicar un intérprete o una fuente física concreta.
También se aprecia una línea grave de bajo claramente diferenciada que sostiene el movimiento armónico. De nuevo, el máster no permite decidir con seguridad si corresponde íntegramente a un bajo eléctrico o a una fuente sintetizada. La existencia de la función de bajo es inequívoca; la naturaleza exacta del instrumento no lo es.
El acompañamiento contiene asimismo capas armónicas de teclado o producción electrónica y ataques brillantes que recuerdan al lenguaje de los metales propio del swing. En este último caso conviene evitar una identificación demasiado categórica: aunque el color puede asociarse a trompetas o a una sección de viento, una grabación de finales de los noventa podía producir esos mismos ataques mediante muestras o sintetizadores. Sin créditos de sesión no es posible certificar una sección real de trompetas, trombones o saxofones únicamente a partir del máster. Lo mismo sucede con determinados fondos de carácter orquestal: pueden describirse por su función tímbrica, pero no atribuirse con seguridad a una sección de cuerda acústica.
Vocalmente, Marta aborda la canción desde una posición bastante diferente a la de sus baladas o producciones pop más dramáticas. El carácter de «Me gusta Madrid» exige ligereza, claridad de dicción y un fraseo ágil, porque buena parte de su eficacia depende de la sucesión rápida de nombres de ciudades y de la repetición pegadiza del título. Marta proyecta la voz con claridad y mantiene una articulación muy directa, sin cargar excesivamente la melodía de adornos. A medida que avanza la interpretación aumenta la energía vocal. Las repeticiones finales permiten una emisión más expansiva y una mayor insistencia sobre «Madrid», acompañando el crecimiento del arreglo.
En conjunto, «Me gusta Madrid» puede definirse como una actualización pop de una composición fox-swing, construida sobre un pulso aproximado de 112 bpm y compás de 4/4. El arreglo conserva la ligereza melódica y ciertos rasgos asociados al swing, pero los integra en una base rítmica más regular y contemporánea para 1999. El análisis revela una armonía bastante móvil y una producción dominada por la voz, la línea grave, la sección rítmica y capas armónicas de carácter electrónico u orquestal.
VERSIONES Y USO EN RECOPILATORIOS
La canción nunca ha sido incluida en ningún álbum, single o recopilatorio oficial de Marta Sánchez, por lo que permanece fuera de su discografía publicada y se considera parte de su material inédito.
| VERSIONES | ISRC | Álbum · Single · Maxi-Single | Duración |
|---|---|---|---|
| «Me gusta Madrid» | – | – | 2:51 |
